| LA RONDA DE LOS LIBROS |
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| Escrito por Alfonso Chase |
| Jueves 11 de Marzo de 2010 04:34 |
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Bambilandia Elfriede Jelinek Destino Editorial 2009
![]() La belleza literaria, el esfuerzo de decir las cosas a plena conciencia, el deseo de desnudar a los culpables del oprobio de nuestro tiempo, hace que la obra llegue a ser un teatro del mundo, en donde la palabra fluye, se detiene, domina el mundo de las ideas, desenmascarando toda la farsa que se oculta detrás de los intereses que hacen todas las guerras del mundo. Pero, también, es el destino personal de alguien que habla, posiblemente consigo mismo, logrando ser la voz que todo lo toca, palpa, observa, con tropismos interiores de gran intensidad literaria. Para leer a Elfriede Jelinek es necesario tener claro que estamos ante una voz singular en la literatura europea, a la cual le fuera otorgado el premio Nobel de Literatura 2004, en medio de polémica, disgusto, aprobación de numeroso público, que curiosamente nunca la habían leído, descubriendo, de esta manera e impulsada por el galardón, a alguien que busca transformar el sentido de escribir, con profunda categoría estética, dejando de lado los convencionalismos, para dar forma al mundo actual, sin ninguna restricción. “Bambilandia” es una realidad: el universo de un antiguo parque temático de atracciones, un Disnelandya serbio, grotesco como toda imitación, pero reflejo de un sistema en donde la visión del entretenimiento es parte de la vida cotidiana, cuando no la misma vida experimentada como contentamiento. El parque estuvo administrado por Mirko Milosevich. Esa realidad, falsa, que nos muestra la admirable novela para reflejar al mundo. La obra se presenta con notas excepcionales de Claudia Baricco, la traductora, que hace accesible la lectura con referencias específicas del mundo de Jelinek y al nuestro. Una obra maestra para lectores que gustan de conocer cómo la experimentación formal es en realidad la investigación temática, de algo tan real como la propuesta de la autora y la invasión norteamericana a Iraq, dizque para salvarlo de una dictadura oprobiosa. Una novela que es una obra de teatro, a la manera de los eternos autores austriacos de todos los tiempos. Algo insólito que debe leerse de pie, en homenaje a Jelinek.
Guillermo Barquero Ediciones Perro Azul 2009
detallando hasta los pasos, uno a uno, de su eterno y casi insoportable vivir. Lo sombrío de la situación de Rafael Martínez está determinada por su profesión, su producción como investigador científico, sus relaciones personales, si así pueden llamarse, la geografía en donde se maneja, el lenguaje que usa, la mentira íntima, el alcoholismo, siendo en verdad alguien cercano a nosotros, no excluido de nuestra posibilidad de lectura, sino más bien logrando penetrar en lo hondo de nuestra mente, para hacer que lo conozcamos, lo despreciemos, lo sintamos cercano. Es una novela que podría, antes, llamarse existencialista. Pero no se queda en eso. Es la crónica de una destrucción larvada, de la mediocridad coexistiendo con lo relevante: la historia de un personaje singular, más otros secundarios, que son engullidos por la obsesiva manera del principal por esperar algo de la vida: una palabra, un mensaje, una carta, un paquete. Lo ingenioso de la trama, nada del otro mundo, es la realidad de su pertenencia a la ciudad, a los edificios vetustos, a las calles que llevan a ninguna parte, a sus sentimientos contrariado por el miedo. Es la historia de un hombre de nuestro tiempo. De un científico sensible a la realidad como arte del sí mismo, que encubre, con una máscara impávida, la percepción de lo exterior como mero esfuerzo estético. Alguien que espera un diluvio universal que nunca llega, eso que no roza, como catástrofe, la vida del protagonista, no siendo nunca rescatado, sino impulsado a un viaje postrero hacia su propia disolución. Una novela de importancia en nuestra narrativa actual. Un valiente testimonio, con categoría narrativa, sostenida manera de hacernos sentir inmersos en un mundo pegajoso, una existencia desgraciada, pero comprendiendo que es la única que existe. No habiendo redención ¿la amerita el personaje?, el lenguaje opresivo es el menor mal, con el cual logra el escritor su mejor logro. Nadie puede salir corriendo de la lectura de esta novela. O se los completa, o se avienta hacia los aires, no por falta de calidad sino por enfado. Un brillante ejercicio de que en Costa Rica se puede escribir, superando todas las limitaciones estilísticas, para darnos una obra de relevancia, obsesivo caminar por los días circulares de un científico trastornado por su propia pasión: el llamado hacia la muerte, que en este caso puede ser una resurrección. Novela límpida más allá de los convencionalismos. Un orgullo para el autor y para con nosotros, sus lectores.
Carlos Fuentes Alfaguara 2009
No es una novela convencional. Por eso resulta llena de maravillas, realismos que pasan de lo fantástico a lo mágico, escrita en una prosa tensa, economía de palabras, aluvión de imágenes internas y externas. Como toda alegoría, debe leerse hacia el futuro, novela para mañana, dice la propaganda, cuando en verdad es del hoy, pero visto y escrito desde otra perspectiva. La prosa ágil hace que la historia transcurra con rapidez, no con ligereza, imposible relación entre dos pillos políticos, la gente, la ciudad, y el milagro del predicador niño, con frases cortas y concatenadas, propias de la mirada transformada en lenguaje de estos días aciagos. Un país, México, empujado hacia la más absoluta decadencia, similar a otros en las mismas circunstancias, en el cual la ciudad emerge como el sitio emblemático de la intriga política, la maldad, la ambición. Un texto que roza el apocalipsis, descarnada penetración en los más recónditos ámbitos de la criminalidad, institucionalizada. Una muestra más de su obra narrativa: “La Edad del Tiempo”. Simbólico texto de signo obvio: el águila es devorada por la serpiente. Por ahora acecha el tigre, que luce enjaulado en el Zoológico de Chapultepec. |



