| A Fondo |
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| Escrito por Jose A. Cabezas |
| Jueves 09 de Septiembre de 2010 22:21 |
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••• Imaginémonos un caso semejante al de Alcatel y pensemos en José Antonio Lobo. Pongamos un poco de fantasía al asunto. Digamos que un autor de un hecho ilícito de su calibre, cuando se ve descubierto y a punto de irse a prisión perdiendo su estatus elevado de vida y sus comodidades, etc., pacta con el Ministerio Público para delatar a uno de las personas que usó para sus cometidos a cambio de no poner sus carnes en la cárcel. Sigámonos fantaseando cosas: algunas cosas que dijo fueron ciertas, otras exageradas y otras falsas. Lo que pasa es que cuando estaba “prensado” por las autoridades y veía que entre más acusaba más sonreía el Fiscal General, pues el hombre se ensanchaba entre la realidad y la imaginación. ••• Así, pasan años y años para llegar al juicio en donde tiene que ir, como el apóstol ahorcado, a declarar. Pero debemos de suponer que podría darse un elemento tan humano como el corazón mismo: podría arrepentirse. En esta fábula de hoy, pensemos que durante todo este tiempo una voz interna le habló y le aconsejó que en la vida no hay que hundir a los demás para salvarse uno porque eso es cobardía, que en la vida no hay que delatar a los socios porque es traición. Y que un cobarde y un traidor no duerme en paz por el resto de su vida. ••• Entonces, el “testigo de la Corona” quiere arrepentirse. Como sucede en miles de casos, en que un testigo llega a “remendar” su testimonio dado al inicio del proceso. Los abogados vemos ese fenómeno decenas de veces en nuestra profesión. Pero, ¿cómo? El “criterio de oportunidad” lo encasilla, lo amarra. Llegar al juicio final y desdecirse, significaría que se le venga un mundo encima: el mundo que él quiso evitar y hasta multiplicado por dos… ¡o por tres! No solo se inculparía, sino que faltaría a su pacto con el Ministerio Público; habría usufructuado una libertad por años y luego, ¡una nueva traición! Esta vez, ya no contra un solo hombre, su socio, su amigo, aquel de quien recibió favores y privilegios, sino que esta vez contra la sociedad entera. ¡Y contra el Fiscal General! |



¡Qué jodido esto del tal “testigo de la corona”! Hablemos como legos en Derecho, que a decir verdad, no andamos tan lejos.