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Escrito por Opinion   
Martes 07 de Septiembre de 2010 00:44

Podría causarnos duda o risa, pero nos atrevemos a asegurar que si un ciudadano hubiera interpuesto un Recurso de Amparo hace unas semanas invocando la obligación del Estado de dar seguridad ciudadana y solicitando, como parte de ese deber ineludible que tiene, que se le ordene al Ministerio de Seguridad que realice operativos en las vías públicas, pues por ahí circulan cientos de delincuentes diariamente llevando desde botines robados hasta personas secuestradas, la Sala Constitucional le hubiera dado orden al ministro de esa cartera de que implementara los retenes en las calles, pues son parte de la operación policial elemental en un Estado moderno.

 


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Pero si nos cuesta entender a la Sala, más a la idiosincrasia del tico. Cuando nos encontramos a un retén y vamos, como dice quien interpuso el hábeas corpus que iba acompañado de un hijo o hija, nos da cierto íntimo orgullo el mostrarle nuestros documentos y abrir nuestras gavetas a la policía y pasar este elemental “test” y con ello darle el ejemplo a nuestros niños de lo que somos. Además, al saber que ese retén puede sorprender in fraganti a los delincuentes que puedan pasar por ahí, podemos dormir un poco más tranquilos, pues pocas cosas producen más paz que ver a la policía en vigilia.


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En los medios de comunicación los miembros de la Sala que han sido entrevistados han expresado que no aceptan que a un ciudadano se le revise como si fuera un delincuente. ¿Y por qué su sensibilidad epidérmica, producida por los mármoles de que son rodeados, se la ponen al común de la ciudadanía? Igual nos revisan al entrar a edificios públicos y ahora hasta los privados. Si el pago de poder dormir mejor, ¡maldita sea!, lo es la molestia de mostrar a una autoridad quiénes somos y qué traemos en uno o dos minutos, ojalá nos detuvieran en cada esquina.

 

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