| ¿Vanidad? |
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| Escrito por José Pablo Rodríguez |
| Sábado 28 de Agosto de 2010 01:05 |
Es interesante observar cómo nos perdemos normalmente de nuestros objetivos y metas en la vida; es curioso cómo muchas veces dejamos de luchar porque alguien nos ha desalentado.
Recuerdo un caso particular hace más de quince años en el colegio de un amigo que sufrió un desencanto amoroso. Este hombre realmente amaba aquella mujer, con la que le escuchaba todo el tiempo el llegaría a ver sus canas florecer. El tiempo pasó, cuando los padres de la muchacha se dieron cuenta de su amorío a escondidas y por la condición económica de mi amigo no lo aceptaron. Este amigo del que te cuento se echó a morir, y decidió dejar de luchar al punto que perdió su año colegial, decidió dar por terminado el colegio sin luchar por más. Esta historia te la cuento para observar contigo algo curioso y es la depresión humana, que para algunos es algo común, y para otros es un valle de lágrimas completo; pero de que es una enfermedad peligrosa en toda esfera, lo es. El Apóstol Pedro nos decía que nosotros cuando habíamos aceptado a Jesús como nuestro salvador habíamos sido rescatados de nuestra vana manera de vivir, la que habíamos recibido de nuestros padres y que habíamos sido rescatados no con valores corruptibles como oro y como plata, sino con la sangre preciosa de Jesucristo. Resulta ser que nosotros normalmente crecemos con una concepción errónea de Dios, incluso solemos hablar de períodos de Dios, como si Dios cambiara. La Biblia nos dice que Dios es el mismo de ayer y de siempre, y que Él no cambia, y es ahí donde lo observamos desde la creación, desde la época de Moisés, o bien de la época de los reyes de Israel con un mensaje de que si el pueblo se humilla y se arrepiente él los recibe. Cuando digo que crecemos con una concepción errónea de Dios, me refiero a que solemos verlo como un Dios castigador, como un Dios que está esperando que nosotros fallemos para castigarnos, cuando incluso demuestra su amor para con nosotros dándose a sí mismo por nosotros, y es ahí donde aparece Jesús llevando la cruz y siendo exaltado de la muerte al tercer día. Y devuelvo el casete para aclarar lo dicho, y es que nosotros crecemos con concepciones erróneas de Dios, o las tomamos en nuestro caminar, sin darle oportunidad a que Él cambie nuestra vida. Si entendemos que Dios es amor, y que Jesús realmente vuelve a la tierra y que nuestro paso aquí es realmente corto, comenzamos a ver lo que Pedro decía de la vanidad de la mente. Pasamos luchando por cosas corruptibles, por bienes materiales, por hacer renombre, por ocupar puestos de gobierno, y la pregunta es: ¿no tienen más valor otras luchas? No quiero decir que tratar de triunfar bajo el sentido popular de triunfo esté mal, lo mal está en que luchemos por alcanzar la vanidad. Ahora, bien en un segundo punto lo que quiero decir es que si Jesús entregó su vida por nosotros, para que nosotros tuviéramos vida, es para que la tengamos de calidad. Hay muchas personas que piensan que por aceptar a Jesús, ya hay que tirar todo a la basura, hay que hacer borrón y cuenta nueva pero de las cosas buenas, cuando es realmente de aquellas cosas que corrompen al hombre. Hoy quisiera invitarte a que cambies tu manera de vivir, hoy quisiera invitarte a aceptar a Jesús en tu corazón. El cambio que realmente mereces es dejar la vanidad que normalmente nos han enseñado desde pequeños, y que al entregarle tu vida a Jesús comiences otro tipo de metas, metas basadas en el amor, bondad, y principalmente la convivencia en armonía. Hoy es un buen día para que tomes la decisión de cambiar, para que realmente transformes tu vida a una nueva forma de ser. |



Es interesante observar cómo nos perdemos normalmente de nuestros objetivos y metas en la vida; es curioso cómo muchas veces dejamos de luchar porque alguien nos ha desalentado.