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La Universidad, un sitio en franca evolución Imprimir Correo electrónico
Escrito por Rogelio Arce Barrantes *   
Miércoles 18 de Agosto de 2010 21:48

Las universidades nacieron a la sombra de la Iglesia Católica, como centros de enseñanza de la doctrina revelada, especialmente en occidente, en los países árabes se cobijaron bajo el alero del Islam y en muchas de ellas se aceptaban judíos más no cristianos (rara paradoja asociada quizá al origen semita de ambos pueblos o porque ambos compartían un enemigo común). Famosa fue la escuela médica de Avicena, alrededor del año 1.000 de la era común, donde muchos judíos medio orientales se entrenaban en el arte de curar.

Al pasar los años las Universidades siguiendo el rumbo que desencadenaría el renacimiento, se hicieron más abiertas a la enseñanza y menos dependientes de las caprichosas decisiones del clero romano, recordemos al mismo Guillermo de Occam en Oxford, donde no solo estudió sino que dio un viraje a la enseñanza clerical al fundar el nominalismo como una realidad en la investigación, le daba paso a la lógica positiva en la enseñanza, adelantándose más de cuatro siglos, lo que le valió no ser nombrado nunca “doctor” en vida. Las universidades han sido centros de enseñanza por antonomasia, y su autonomía es esencialmente de cátedra, pues siempre han dependido de medios diversos externos para su supervivencia. En algunos países las Universidades privadas han logrado gran prestigio al disponer de enormes recursos y no solo voluminosos, sino además muy bien administrados. La idea aquella de que la única Universidad buena es la financiada por el Estado es hoy por hoy solo un eslogan para mantener gollerías y una especie de reacción radical contra todo lo nuevo y más que nada contra el nuevo orden económico mundial (del que solo queda decir: eppur si muove). Cabe preguntarse, como hiciera una vez mi profesor de cirugía, sobre cuál era la mejor universidad: a lo que él respondía que la que lo había preparado a él. Siempre la mejor será la mía, eso es característico en todo profesional, y desde luego apoyados por los docentes que tienen su modus vivendi en la enseñanza, aunque muchos no enseñan nada.

Es de viejo conocido la vagancia de muchos catedráticos, que valiéndose de posiciones ricamente acolchadas, envían a sus discípulos a dar las clases, pero no a cobrar sus cheques. Yo conocí un centro médico, donde había un famoso club 15-30, que eran los días en que se hacían presentes muchos académicos y algunos jefes: eran los días de pago. No obstante, sabemos eso y mucho más, por ejemplo el carácter cuasi hereditario de algunos puestos en las Universidades Publicas, donde se cambian los puestos y se los reparten entre familia, eso no es nuevo y no es necesario señalarlo, todos los que hemos asistido o tenemos hijos universitarios lo sabemos muy bien: el puesto no es para él o la mejor estudiante, es para mi sobrina o el primo aquel que nunca falta. No dudo de que esto suceda en las universidades privadas, claro que sucede, pero al final son financiadas con otros medios ajenos al erario público.

En Costa Rica, cada vez que se discute lo del presupuesto para las Universidades públicas, se arma la de San Fermín, o corre o lo agarra el toro. Podemos hacer una apuesta sencilla: que es más barato becar a todos los estudiantes de las universidades públicas para que estudien en las privadas (todos los que no pueden sufragar los gastos de una Universidad privada) y que además estudien y no pierdan el tiempo como sucede con muchos estudiantes de las públicas, que para cumplir el mismo currículo deben demorar dos o hasta tres y cuatro años más que en la privada, porque parte del negocio es que haya muchos estudiantes “rezagados”, alguien tiene que atenderlos y alguien paga el pato. Hacer esto y cerrar o alquilar o vender las universidades públicas es una opción de mercado que me temo que es no solo totalmente viable, sino que a la postre será lo que terminará sucediendo en todo el mundo, al cabo formar un profesional es un negocio, y desde luego un buen negocio púes de otro modo no habría universidades privadas.

Hace unos años, en un programa de humor alguien hablaba de alquilar una carretera, y eso es lo que hemos hecho desde que se formalizó la autopista San José Caldera, y de que le dan mantenimiento, es un hecho sin controversia. Leer hace poco un artículo donde Fidel resucitado pide a las empresas privadas europeas que inviertan en Cuba, para que empleen al millón de desocupados que ha provocado el Estado, es para que cualquier enemigo del libre comercio se pellizque y lo haga bien duro, porque eso es un síntoma inequívoco de que el mundo de hoy no es el de ayer. Fidel pidiendo empleadores privados, horror de horrores, impensable apenas dos décadas atrás, por lo que me temo que mi propuesta (que sé que no será bienvenida por los profesores estatales ni por los alumnos jurásicos de las Universidades públicas) sea no solo viable, sino que será la opción del mañana, tanto en Costa Rica como en todo el mundo. No se puede dejar huérfano al Estado por complacencias, el problema es de todos y por ende todos debemos aportar ideas, de otro modo el término “Libre Cátedra” quedará obsoleto, máxime si quienes objetan las ideas se benefician de qué nada cambie, de que el inmovilismo sea la nota que domine el tango.


* Médico

 
Author of this article: Rogelio Arce Barrantes *