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Escrito por Juan Diego Castro   
Jueves 29 de Julio de 2010 21:17

Vio cuando mataban a su papá a leñazos. Un chiquito de siete años, con su mamá y sus hermanitos observó esa escena macabra. Su tía y su tío acabaron con la vida de su padre, a garrotazos. Cuando el niñito declaró ante las autoridades, narró que su progenitor "hacía como un chancho" mientras se ahogaba en sangre y moría.

La hermana y el cuñado lo asesinaron delante de su familia, por la compraventa de un inmueble. El crimen fue probado correctamente y los acusados se sometieron a un proceso abreviado y fueron condenados a menos de la mitad de la pena que probablemente se le hubiera impuesto al final de un debate.

¿Qué secuelas tendrá este chiquito que vivió tan horrorosa tragedia? Los psiquiatras podrán responder. Esas escenas jamás se borrarán de su mente. Este huerfanito quedó marcado de por vida. ¿Cómo comprender que la hermana de su papá, lo asesinó ante sus ojos? La perversidad, cuando es fraternal, es indescriptible e insospechada.

El testimonio de este muchachito y de los demás testigos, demostró contundentemente las conductas criminales de los condenados. El homicidio calificado fue probado. No había duda. La defensa actuó correctamente y estuvo conforme con la salida alterna, para lograr la menor sanción posible.

El fiscal entrevistó a los representantes de la comunidad y fueron claros al afirmar que por razones de brujería o por disconformidad con un negocio poco satisfactorio, no era permitido matar a nadie.

Ahora, alegan que la condenada no entendía el idioma cuando se acogió al proceso abreviado y que por ende existía una nulidad que causaba una devastación procesal, que debe llevar al indulto, para que la homicida pueda estar con sus hijos. ¿Y los sobrinitos que la vieron matar al papá a garrotazos?

No son nuevas ni simpáticas las argucias y triquiñuelas que amañan algunos defensores. Hay muchos ejemplos en la historia jurisprudencial criolla y extranjera. Los recursos de revisión fallidos los corroboran.

Tampoco nos sorprenderá un indulto propagandístico, quizá cerca del Día de la Madre, con lágrimas y flores, mientras las huellas de dolor y del miedo jamás se borrarán de la mente del chiquito que vio a su papá agonizar "como un chancho"...

Estaremos pendientes del espectáculo que se avecina, para quitar los antifaces a los demagogos impávidos ante un fratricidio... Así hay hermanas y hermanos: con una quijada de burro en la mano, con un garrote en la sangre y con avaricia en alma.

Última actualización el Jueves 29 de Julio de 2010 21:24
 

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