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Escrito por Opinion   
Miércoles 28 de Julio de 2010 20:44

Ciertamente que no hay nada más inexorable que la historia para juzgar los actos humanos, especialmente, a las administraciones gubernamentales. Lo que se está presentando a pocos días de la administración Chinchilla, y aún y cuando ésta se gestó y parió directamente de su antecesor don Óscar Arias, nos empieza a inquietar. Pues dos grandes proyectos y empresas que involucran en mucho al Estado costarricense, con influencia y relevancia en nuestro vivir diario, están siendo objeto de un serio cuestionamiento por parte del mismo Gobierno actual. Se queda cualquiera pensando: “¿Qué hubiera sido si hubiese llegado un partido contrario?”


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La consideración de retractarse del contrato a la minera Crucitas, aún cuando no se halla llegado a dar un rompimiento, demuestra que la cosa no es tan beneficiosa como los hermanos Arias lo quisieron hacer ver, hasta dándole un rango de utilidad para el país. Un error de tal magnitud debería de llamar a los responsables, pues si para doña Laura le mereció al menos el considerar la posibilidad, la cosa nos dice mucho.


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Lo otro ha sido el destape de la verdadera situación de la carretera a Caldera. Resulta también claro que no podemos esperar que no haya algún derrumbe. La vía a San Isidro de El General andará por sesenta años y todavía, frecuentemente, cae media montaña en varias partes. La de Guápiles anda por ahí también.


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Pero por encima de esos derrumbes que nos son naturales, el destape está porque ha sido probado por técnicos tan serios como los del Colegio de Ingenieros, de que hubo precipitación en la inauguración y apertura pública de la carretera. Y lo hubo, no cabe otra suposición, porque don Óscar Arias en su súbita adicción irreprimible, que le dio al final de su mandato, requería capitalizar la buena fama que le significa abrir una carretera esperada por tres décadas.


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El interés político partidista (para favorecer a doña Laura), familiar (para favorecer a su hermano) y personal (para favorecer su imagen), primó sobre el interés público, sobre la seguridad ciudadana.


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Estos dos botones de muestra son suficientes para sentar, sea en un banquillo judicial o en el banquillo del corazón popular, a los responsables.

 

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